
LOS ÁNGELES.– Al parecer, las estrellas de Hollywood no solo se llevaron a casa bolsas de regalo de 100,000 dólares; también dejaron un generoso "obsequio" para el personal de limpieza. Una vez que las luces se apagaron y el último esmoquin de diseñador abandonó el edificio, el Teatro Dolby reveló su verdadera faceta post-gala: un paisaje desolador digno de una película apocalíptica de bajo presupuesto.
El "glamour" que no sale en cámara
Bajo las butacas donde hace minutos se sentaban los rostros más bellos y caros del planeta, quedaron los restos del festín. Fue una alfombra roja de vasos de plástico, programas arrugados y empaques de snacks (porque, seamos honestos, nadie aguanta tres horas de discursos con el estómago vacío).
Es fascinante observar cómo la élite del cine, que dedica minutos enteros a discursar sobre la sostenibilidad y el cuidado del planeta desde el podio, tiene dificultades técnicas para encontrar un bote de basura a menos de dos metros de distancia.
La categoría que nadie quiere ganar
Si existiera un Oscar a la "Peor Educación Ambiental", la competencia este año habría sido feroz. Entre los hallazgos más destacados de la brigada de limpieza se reportaron:
• Guiones descartados (probablemente de los perdedores).
• Tacones olvidados (un clásico del "after-party").
• Suficiente confeti y restos de comida para alimentar a una pequeña nación... o al menos a todos los extras de la próxima película de Scorsese.
Al final, queda claro que el brillo de las estrellas se apaga rápido cuando no hay un asistente cerca para recogerles el desorden. El glamour es eterno, pero la mugre, por lo visto, también.



