
CHIHUAHUA, Chih.— Al conmemorarse el cuarto aniversario del asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales “El Gallo” y Joaquín César Mora Salazar “El Morita”, la comunidad religiosa y los habitantes de Cerocahui, municipio de Urique, hicieron un enérgico llamado a la paz, recordando que en la Sierra Tarahumara aún persisten problemas como la violencia, la extorsión comercial y la tala clandestina.
A través de un pronunciamiento oficial, la comunidad jesuita de México enfatizó que este aniversario es una oportunidad para honrar la memoria del dolor en el país y convocar a todos los sectores sociales a redoblar esfuerzos para restablecer el tejido social, señalando que la inseguridad inhibe la participación de los ciudadanos y favorece dinámicas delictivas.
Acciones comunitarias por la paz y la memoria
Como parte de los actos conmemorativos de este 20 de junio, se extendió una invitación a la ciudadanía para realizar diversas acciones simbólicas y de visibilización:
Colocación de distintivos: Instalar un listón o banderín blanco en las puertas de hogares, escuelas y centros de trabajo como símbolo de reconciliación y esperanza.
Acto sonoro: Replicar el toque de las campanas de los templos a las 3:00 de la tarde para renovar el compromiso con La Paz.
Memoria de ausentes: Colocar en los altares religiosos fotografías de personas desaparecidas durante las celebraciones del domingo 21 de junio, además de elevar oraciones por las familias buscadoras.
Un llamado a la integridad institucional
Los voceros de la orden religiosa manifestaron la necesidad apremiante de recuperar espacios de diálogo seguro, donde la sociedad civil sea escuchada. Asimismo, demandaron perfiles íntegros en los puestos de elección popular, argumentando que México requiere de autoridades con la libertad política e institucional necesaria para poner límites claros a los grupos delictivos.
Contexto de los hechos
La tarde del 20 de junio de 2022, una jornada violenta sacudió el templo de Cerocahui cuando José Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco”, privó de la vida a los dos clérigos de avanzada edad y a tres personas más, además de reportarse la desaparición de dos hermanos en la zona, lo que visibilizó la vulnerabilidad de la Sierra Tarahumara.
A pesar de que las autoridades estatales informaron en marzo de 2023 que el principal responsable fue localizado sin vida en Sinaloa, la comunidad jesuita reitera que el cese de la impunidad y la sanación de las víctimas sólo se lograrán mediante la verdad, la voluntad política y la reparación integral del daño.



