
Entre el jueves 30 y el viernes 31 de julio entraron en Ceuta entre 50.000 y 60.000 personas en menos de 24 horas, una cifra equivalente a cerca del 70 % de la población de la ciudad autónoma española.
El balance provisional es de al menos 57 muertos, la mayoría ahogados al intentar bordear a nado el espigón del Tarajal.La avalancha se desencadenó por un rumor que circuló masivamente en WhatsApp, TikTok, Instagram y Telegram.
Una sentencia del Tribunal Supremo sobre las devoluciones en caliente se interpretó de forma errónea: se difundió que España había abierto la frontera y que quienes llegaran a nado no podrían ser devueltos. Mapas de la ruta desde Castillejos y vídeos de los primeros en llegar aceleraron el efecto llamada.
Muchos de los que cruzaron, incluidos adolescentes de 16 y 17 años, regresaron al comprobar que no había paso libre hacia la Península, sino frío, hambre y un despliegue militar.
El Gobierno español envió al Ejército, el presidente Pedro Sánchez viajó a la ciudad y anunció un sistema de boyas para impedir nuevos intentos por mar. Ceuta, ciudad española en la costa norte de África de apenas 18,5 kilómetros cuadrados, concentra desde hace años la presión migratoria por ser una de las únicas fronteras terrestres entre la Unión Europea y el continente africano.
Episodios anteriores, como el de 2021 con más de 8.000 entradas, ya habían mostrado la vulnerabilidad del enclave, aunque ninguno alcanzó la magnitud de esta semana
Expertos y analistas señalan que el patrón se asemeja a otros fenómenos virales sin organizador central: un mensaje simple, una promesa creíble y la difusión rápida de imágenes de quienes “lo logran”. Las autoridades marroquíes y españolas mantienen coordinadas las repatriaciones, mientras continúa la búsqueda de víctimas y la atención a los menores no acompañados que permanecen en la ciudad.



