
BENI, REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO. – El rebrote de ébola en el este de la República Democrática del Congo (RDC) mantiene en alerta a la población local, donde los trabajadores informales se han convertido en la primera línea de exposición. Comerciantes de la región enfrentan un doble peligro: el riesgo latente de contagio y la incredulidad de una parte de la ciudadanía que aún duda de la letalidad, o incluso de la existencia, del virus.
Hélène Akilimali, una vendedora de cacao en una de las zonas consideradas el epicentro del brote, relató a un corresponsal de CNN cómo el escepticismo de la comunidad complica las labores de prevención. A pesar de sus esfuerzos individuales por protegerse, el contacto diario con decenas de personas hace imposible controlar las conductas de riesgo de los demás.
Akilimali enfatizó que los mitos y las actitudes laxas están costando vidas en la región. La comerciante hizo un llamado urgente a la población para que deje de ignorar las medidas sanitarias, señalando que la desinformación es uno de los mayores obstáculos para frenar la cadena de contagios.
“El ébola es una enfermedad real. La gente debe dejar de engañarse a sí misma”, advirtió Akilimali, visiblemente preocupada por el impacto de la crisis sanitaria en su entorno.
Para quienes dependen del comercio diario, el cumplimiento de las normas de bioseguridad representa un desafío económico. Akilimali explicó que, aunque ella utiliza su mascarilla de manera permanente, no puede obligar a los compradores a hacer lo mismo sin afectar sus ingresos.
“Yo siempre uso mi mascarilla. Pero en cuanto a los clientes, cuando vienen, pueden o no estar usándola. No los vas a echar”, lamentó.
Las autoridades de salud y diversas organizaciones internacionales continúan trabajando en las comunidades afectadas de la RDC para reforzar las campañas de concientización, mitigar las noticias falsas y garantizar el acceso a vacunas y tratamientos en las zonas de mayor riesgo.



